La Hadas
¡Ahora veía las hadas!
¡Ahora podía verlas!
Revoltosas, traviesas, juguetonas.
Nunca se estaban quietas.
Cuando más las necesitaba, volaban;
cuando no pensaba en ellas, venían.
Venían y me alegraban.
Me dejaban ver,
me abrían los ojos,
me enseñaban la vida y el mundo;
mandaban el temor lejos.
Volaban, se alejaban.
El miedo corría,
la trizteza y la pena
acudían.
¡Yo igual las quería!
Las hadas, mis hadas.
Revoltosas, traviesas, juguetonas.
Nunca se estaban quietas.
Cuando más las quería, se iban;
cuando no las pensaba, aparecían.
En la oreja me decían:
"está bien, todo irá bien"
Y en el alma me mostraban
los secretos de la vida.
Escuchaba su partida
y en su ausencia suspiraba.
El vacío me angustiaba
y en mi espera esperaba
el batido de sus alas.
No paraban, estas hadas,
unas veces me ayudaban
otras me entristecían.
Y, en fin, era yo quien decidía
si quería o no quería
ser feliz todos los días.
