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| La isla de la vida, Bocklin. |
El alma más triste
Entre todas las almas:
Caronte.
Condenado a ir y venir del Hades
Por siempre:
Caronte.
De ropajes y corazón roídos
Por la humedad del Aqueronte:
Caronte.
Caronte navega en silencio
siempre. Elimina sus pensamientos intentando no oír los lamentos de los muertos.
Su pasado, su presente y su futuro, no son más que su barca.
Pero las palabras pueden
ser cambiadas si se escriben otras encima de ellas.
Ir y venir.
Ir y encontrarla.
Esa alma que se acerca a él,
Brillante, serena.
Esa alma que le da la moneda,
Sonriente, valiente.
Esa alma que suba a la barca,
Elegante, tranquila.
Ese alma le hace abrir
los ojos, le hace temblar, le deja con la boca abierta. Su silencio se rompe,
sus pensamientos empiezan a correr y siente su corazón bombear como loco.
Caronte, la dama espera
su viaje. Te mira desde el asiento, rogándote que empieces a remar.
Tú, la miras también.
Perplejo, piensas en
todo y en nada.
¿Quién hace sentir cosas a Caronte?
¿Puede nuestro barquero conocer a Eros?
Caronte, nuevas almas
están llegando, y entre gritos se empujan unas a otras.
Ya se alejan de la
orilla, él ya cumple con su deber.
Caronte, puedes cambiar
la historia, pero nadie dijo que la nueva sería mejor.

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