jueves, 22 de enero de 2015

Perfectus



"Con origen en el latín perfectus, la palabra perfecto describe a la cosa, organismo o individuo que reúne el más alto nivel posible de excelencia en relación a los demás elementos de su misma especie o naturaleza. Si algo es perfecto, no hay posibilidades de hacerlo mejor, ya que no existe nada superior a lo que ya se ha conseguido."

Nacemos perfectos, puros, de limpia mente y alma.
Nacemos en la más perfecta felicidad y armonía.
Los mayores pronto nos llenan la cabeza de mierdas. En el párvulo, los niños ya han empezado su proceso de putrefacción. No son conscientes, pero sus almas, ya se han escondido en un rincón, y con el tiempo encogerán hasta ser casi microscópicas. Así vivimos, con un alma fantasma y una mente moldeada a gusto de los demás, ¡iguales todas!

Entonces, intentamos buscar aquella perfección perdida (para siempre) en cosas estúpidas y materiales. Belleza, dinero, fama, la aceptación de los demás, el trabajo duro con tal de ser reconocidos y demás cosas al fin y al cabo inútiles.
Inútiles para recuperar nuestra perfección, nuestra pureza.
Y buscamos el amor por todas partes menos por donde realmente tenemos que buscarlos: dentro de nosotros mismos.

La familia, los amigos y la pareja no son más que nuestros complementos. Nacemos y morimos acompañados, pero solos al fin y al cabo. Tendríamos que sentir la paz en esa soledad, tendríamos que encontrar allí el amor, la felicidad, la verdadera perfección. Pero ahí se encuentran tapados con un trapo, cubiertos de polvo y mugre, de telerañas, esperando a que se les haga caso, esperando a que los ojos miren en la dirección correcta de una vez y la boca se abra para conversar con ellos y quererlos, como ellos nos quieren a nosotros.

Es tan difícil la vida, se suele decir. Y yo digo: Es tan difícil vivir una vida cubierta de mierda, de mierda que no olemos y no podemos limpiar.

Muchas veces recuerdo un cuento que una buena profesora mía nos leyó en clase una vez. Decía así:

"Un día cualquiera, varios duendes decidieron hacer una travesura.
Uno de ellos dijo:
- Vamos a quitarle algo a los hombres, ¿pero que le quitamos?, preguntó otro.

Después de mucho pensar uno de ellos dijo:
- ¡Ya sé!, vamos a quitarles La Felicidad, pero el problema va a ser dónde la escondemos para que no la encuentren. - propuso el primero.
- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.
A lo que inmediatamente repuso otro:
- ¡No!, recuerden que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si uno la encuentra, ya todos sabrán donde está.
Luego propuso otro:
- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.
Y otro contestó:
- ¡No!, ellos tienen curiosidad, alguna vez alguien constuirá un aparato para poder bajar y entonces la encontrarán.
Uno más dijo:
- Pués escondámosla en un planeta bien lejano de la tierra, y no más.
- ¡No! Tened en cuenta que tienen inteligencia, y algún día alguien va a construir una nave espacial en la que puedan viajar y la podrán descubrir, entonces todos tendrán la felicidad.
El último de ellos era un duende que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás duendes. Analizó cada una de ellas y dijo:
- Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren.
Todos se giraron asombrados y preguntaron al unísono: "¿Dónde?"
El duende silencioso respondió: 
- ¡La esconderemos dentro de ellos mismos!; estarán tan ocupados buscándola afuera que jamás podrán encontrarla.
Todos estuvieron de acuerdo con la propuesta, y, desde entonces, ha sido así."

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